En la actualidad, el Cyberbullying resulta relevante por la
gravedad de sus consecuencias, la dificultad en cuanto a su prevención y el
alto grado de prevalencia.
Según indican las estadísticas, los protagonistas de los casos de acoso
suelen ser niños y niñas en proceso de entrada en la adolescencia. Los chicos
que resultan objeto de este tipo de agresiones, sufren las agresiones
deliberadas de otros niños o jóvenes que se comportan cruelmente, con objetivo
de someterlos, arrinconarlos, amenazarlos, intimidarlos o
marginarlos, divertirse a costa suya u obtener algo de su parte.
El acoso suele ser sistemático y extenderse durante un período más
o menos prolongado. Un dato llamativo es que las víctimas son en su mayoría
mujeres, pero que también las agresoras son en su mayoría chicas.
“Los principales síntomas que puede presentar un joven o adolescente en el caso de sufrir cyberbullying son variados y van a depender de la personalidad previa a la situación de acoso por las redes, explica a Revista Cabal Digital, Virginia Ungar, médica psicoanalista, miembro didacta de APdeBA, consultora del Comité de Análisis de Niños y Adolescentes de la Asociación Psicoanalítica Internacional. “Pueden presentar desde una negativa a concurrir a clase, signos de depresión, trastornos de ansiedad, retraimiento, aislamiento hasta somatizaciones varias,y otros. En mi experiencia, veo que hay niños y jóvenes que rápidamente hacen saber a sus padres del problema que están atravesando pero también hay otros que demoran en contarlo y presentan las manifestaciones a las que me referí, y los padres tiene que "llegar" a los hechos. A veces el cyberbullying es parte de un proceso que se da también en presencia, en la escuela. Puede ser una etapa preparatoria o acompañante de un acoso que a veces llega a extremos muy preocupantes.”
¿Qué deben hacer los padres, en el caso de detectar algunos de estos síntomas o notar cambios drásticos en la conducta habitual de sus hijos?
“Lo primero es participar a la escuela de los hechos y además demandar una actitud activa por parte de la misma”, sostiene la especialista. “Si no se diera esa posibilidad, insistir, porque la escuela debe tomar medidas que van desde observar el problema, a reunir al grupo, escuchar al chico afectado y a sus compañeros, además de hacer participar al equipo o gabinete psicopedagógico y psicológico del establecimiento”. En cuanto a la posibilidad de fortalecer la autoestima del chico de modo que éste esté en mejores condiciones para defenderse por sí solo, frente a posibles ataques, Ungar puntualiza que “es posible hacer un trabajo con el niño o joven pero no creo que la familia pueda hacerlo sola. Como dije, la posibilidad de defenderse va a depender de la personalidad del niño o joven. El fortalecimiento de la autoestima se puede hacer ‘de adentro hacia afuera’, para decirlo de alguna manera. Es necesario un trabajo profundo con un profesional entrenado y que no sea parte del escenario en que transcurre el problema. No todos los chicos sufren de este tipo de acoso, pero también es cierto que no todos los que lo sufren están enfermos o perturbados. Como siempre, tendría que estudiarse cuidadosamente la situación singular en el contexto de lo personal y lo familiar en interacción con el medio”.
Uno de los mayores inconvenientes que plantea el Cyberbullying es que los agresores que utilizan las redes para insultar o burlar a la víctima, también es frecuente que difundan rumores e incluso mentiras. Se protegen casi siempre en el anonimato: a diferencia del hostigamiento tradicional, que habitualmente consiste en la confrontación cara a cara, las víctimas cibernéticas no pueden ver o identificar a sus acosadores, lo que los hace sentir aún más indefensos y vulnerables. El anonimato es uno de los factores que perpetúa, además este tipo de prácticas.
Los estudios más recientes confirman que los más vulnerables son los niños de entre 12 y 17 años edad, de nivel socioeconómico medio-alto y que cuentan con dispositivos móviles y acceso abierto a redes sociales y correo electrónico.
“Los principales síntomas que puede presentar un joven o adolescente en el caso de sufrir cyberbullying son variados y van a depender de la personalidad previa a la situación de acoso por las redes, explica a Revista Cabal Digital, Virginia Ungar, médica psicoanalista, miembro didacta de APdeBA, consultora del Comité de Análisis de Niños y Adolescentes de la Asociación Psicoanalítica Internacional. “Pueden presentar desde una negativa a concurrir a clase, signos de depresión, trastornos de ansiedad, retraimiento, aislamiento hasta somatizaciones varias,y otros. En mi experiencia, veo que hay niños y jóvenes que rápidamente hacen saber a sus padres del problema que están atravesando pero también hay otros que demoran en contarlo y presentan las manifestaciones a las que me referí, y los padres tiene que "llegar" a los hechos. A veces el cyberbullying es parte de un proceso que se da también en presencia, en la escuela. Puede ser una etapa preparatoria o acompañante de un acoso que a veces llega a extremos muy preocupantes.”
¿Qué deben hacer los padres, en el caso de detectar algunos de estos síntomas o notar cambios drásticos en la conducta habitual de sus hijos?
“Lo primero es participar a la escuela de los hechos y además demandar una actitud activa por parte de la misma”, sostiene la especialista. “Si no se diera esa posibilidad, insistir, porque la escuela debe tomar medidas que van desde observar el problema, a reunir al grupo, escuchar al chico afectado y a sus compañeros, además de hacer participar al equipo o gabinete psicopedagógico y psicológico del establecimiento”. En cuanto a la posibilidad de fortalecer la autoestima del chico de modo que éste esté en mejores condiciones para defenderse por sí solo, frente a posibles ataques, Ungar puntualiza que “es posible hacer un trabajo con el niño o joven pero no creo que la familia pueda hacerlo sola. Como dije, la posibilidad de defenderse va a depender de la personalidad del niño o joven. El fortalecimiento de la autoestima se puede hacer ‘de adentro hacia afuera’, para decirlo de alguna manera. Es necesario un trabajo profundo con un profesional entrenado y que no sea parte del escenario en que transcurre el problema. No todos los chicos sufren de este tipo de acoso, pero también es cierto que no todos los que lo sufren están enfermos o perturbados. Como siempre, tendría que estudiarse cuidadosamente la situación singular en el contexto de lo personal y lo familiar en interacción con el medio”.
Uno de los mayores inconvenientes que plantea el Cyberbullying es que los agresores que utilizan las redes para insultar o burlar a la víctima, también es frecuente que difundan rumores e incluso mentiras. Se protegen casi siempre en el anonimato: a diferencia del hostigamiento tradicional, que habitualmente consiste en la confrontación cara a cara, las víctimas cibernéticas no pueden ver o identificar a sus acosadores, lo que los hace sentir aún más indefensos y vulnerables. El anonimato es uno de los factores que perpetúa, además este tipo de prácticas.
Los estudios más recientes confirman que los más vulnerables son los niños de entre 12 y 17 años edad, de nivel socioeconómico medio-alto y que cuentan con dispositivos móviles y acceso abierto a redes sociales y correo electrónico.
Si se tiene en cuenta que, según los especialistas en salud mental, el
abuso sexual y el acoso escolar son las agresiones más severas para los niños,
está claro que resulta de vital importancia que los padres presten especial
atención a posibles síntomas que puedan estar revelando que sus hijos sufren
algún tipo de acoso o si ellos acosan a algún otro.
La conducta típica del acosador suele responder a las siguientes
características: es intencional, persistente y agresiva. Se señala como
elemento característico lo que se llama “la intención de daño”, es decir, la
evidencia de que existe un definido propósito de perjudicar a la víctima, que
puede terminar sufriendo un deterioro en su autoestima, y padeciendo
efectos en su personalidad, como una mayor tendencia a la introversión,
angustia, depresión, pérdida de interés en el aprendizaje, fracaso social,
miedos de diversa naturaleza, cefaleas, nauseas, vómitos, adicciones, episodios
psicóticos y pensamientos o intentos de suicidio, en los casos más dramáticos.
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